viernes, 22 de junio de 2012

Prólogo de los Siete Pilares de la Sabiduría

                
Friedrich




















Te amaba, y por esa razón removí con mis manos aquellas mareas de hombres
y tracé con estrellas mi voluntad en el cielo,
para ganarme la libertad, la casa digna de ti, la casa de los siete pilares;
y que brillaran tus ojos, mirándome acaso,
cuando llegáramos.
La muerte pareció mi sirviente durante el camino, hasta que nos acercamos
y vimos cómo aguardabas:
Sonreíste entonces, y ella se adelantó con triste envidia
para llevarte
a su quietud.
Amor, del camino exhausto, a tientas buscó tu cuerpo, nuestro breve salario,
nuestro un instante.
Antes que la blanda mano de la tierra explorase tu forma, y engordaran
los ciegos gusanos
con tu substancia.
Me pidieron los hombres que alzase nuestro monumento, la casa inviolada,
en tu recuerdo.
Mas, para hacer la obra justa, la convertí en un fracaso, la dejé inacabada: y ahora
bullen esos minúsculos seres y apañan sus chozas
en la sombra y la ruina
del don que yo te había destinado.

T. E. Lawrence, Lawrence de Arabia.

Hoy más que nunca, mi poema favorito.