martes, 7 de agosto de 2012

Las Flores te recordarán

La UNESCO ha declarado 2011/2012 el año Tagore.
Rabindranath Tagore (7 mayo de 1861/ 7 de agosto de 1941) : Poeta, filósofo, pintor, dramaturgo, compositor, novelista… y Premio Nobel de Literatura en 1913.
Pero no voy a caer en el ridículo hablando de su ingente obra de la que ha llegado a occidente una ínfima parte; ni tampoco de sus poemas y textos religiosos, ya que soy profana.
Su nombre Rabi significa Sol y solía decir que, como su nombre, había nacido en oriente y viajaba hacia Occidente. Quizá por ello sentía que el crepúsculo era el anuncio del amanecer en otro lugar. “La muerte no es apagar la luz, sino apagar la lámpara porque ha llegado el alba.”; y quizá también por ello, sus palabras irradian tanta Luz y Calor. En agradecimiento, escribo esta entrada para conmemorar el 70 aniversario de su Renacimiento.

Sus poemas son profundamente hermosos; rebosan Amor y Respeto por todos los seres y su sencillez es solo aparente, ya que capta la esencia de todas las cosas puesto que sentía la Unidad del Todo:
Cuando tenía 18 años, un día en el que contemplaba el amanecer y el sol enviaba sus rayos desde detrás de los árboles , de pronto sentí como si una antigua niebla se hubiera desvanecido delante de mi vista, y la luz matinal sobre el rostro del mundo me revelara una luminosidad interior. La pantalla invisible de lo habitual desapareció de encima de todas las cosas y de todos los hombres, y su última significación se intensificó en mi mente... Los fragmentos insignificantes perdieron su aislamiento individual y mi mente se reveló a la unidad de una visión.
Había encontrado su religión, la religión del Hombre. Su Jivan Devata.

Y su deseo de compartir esa visión le llevó a crear su propia escuela en 1901. En ella impartía asignaturas impensables para las escuelas de su época: danza, canto, teatro, bordado y jardinería.
Hemos venido a este mundo a aceptarlo, no meramente a conocerlo. Debemos hacernos fuertes por medio del conocimiento, pero debemos alcanzar la plenitud por la simpatía. La educación más elevada es la que no nos proporciona únicamente información, sino la que nos hace crecer en armonía con la existencia.
Quería despertar en los niños el respeto por la Naturaleza y la comunión del alma con todo lo que la rodea. Sólo necesito un pequeño lugar donde intentaré crear una comunidad de hombres y mujeres que ignore los límites geográficos. Sólo tendré un país y ese país incluirá a toda la raza humana, diría 20 años después.
Hoy, la escuela de Tagore se ha convertido en una Universidad Internacional, la Vishva-Bharati, cuyo lema dice: Allí donde el mundo entero se une en un nido.





Pero sus herramientas no fueron únicamente las palabras: creó un centro en Sriniketan para trabajar en la reconstrucción rural, utilizando métodos científicos con el fin de ayudar a los campesinos pobres.

También se involucró activamente en la política, aunque abandonó el Movimiento Nacionalista cuando empezó a manifestarse por medio de la violencia. Junto con Charles F. Andrews y W.W.Pearson, inició en 1916 un circuito de conferencias por todo el mundo denunciando los nacionalismos beligerantes. He aceptado a toda la Humanidad, no puedo permitir que el Patriotismo se imponga en mi vida, le confesó a  Aurobindo Bose en una carta en 1919.

A lo largo de su vida sufrió dolorosas pérdidas: su mujer, dos hijas y su hijo menor. A pesar de ello, no perdió ni la Esperanza ni su amor por la Vida. Según su hijo Rathi, una energía espiritual le daba fuerzas para elevarse sobre sus desgracias.

Dijo en su setenta aniversario:
No he nacido en un mundo muerto. Mis ojos nunca se han cansado de mirar lo que era digno de amar en este mundo visible, ni han encontrado un límite a su maravilla suprema. La eterna voz inmortal que resuena a través de las edades- extendiéndose sobre tierra, cielo, mar – ha encontrado plena respuesta en mi corazón.

Un corazón que seguía siendo el de un niño que todo lo mira como si fuera la primera vez.




      EL ÚLTIMO VIAJE

Sé que en la tarde de un día cualquiera
el sol me dirá su último adiós,
con su mano ya violeta,
desde el recodo de occidente.
Como siempre habré musitado una canción,
habré mirado a una muchacha,
habré visto el cielo con nubes
a través del árbol que se asoma a mi ventana.
Los pastores tocarán sus flautas,
los corderos triscarán en la verde ladera
que cae suavemente hacia el río;
el humo subirá sobre la casa de mi vecino...
Y no sabré que es la última vez...
Pero te ruego, Señor: ¿podría saber antes de abandonarla,
por qué esta tierra me tuvo entre sus brazos? 
Y, ¿qué me quiso decir la noche con sus estrellas?
Y mi corazón, ¿qué me quiso decir mi corazón?
Antes de partir, quiero demorarme un momento,
con el pie en el estribo, para acabar la melodía
que vine a cantar.
¡Quiero que la lámpara esté encendida para ver tu rostro, Señor!
Y quiero un ramo de flores para llevártelo, Señor, sencillamente.

 

Quizá la tierra le tuvo entre sus brazos para que, como decía Yehudi Menuhin, aprendamos leyendo sus poemas lo bueno y reconfortante que es confiar en los seres humanos.




(…) Sé que las flores me recordarán.

Seguro que las flores te recuerdan.


G.Bocardo