lunes, 22 de abril de 2013

Revolución

Hoy es el día de la Tierra. Y también mi cumpleaños. Quería hacer una entrada especial y por ello voy a compartir uno de mis cuentos favoritos.
Se lo escuché a Ángel Poyato, un compañero del grupo de cuentacuentos CuentamínaTe. No conocía al autor, de hecho él se lo había escuchado a otro cuentacuentos. Tras indagar a lo único que he llegado es a saber que es de un autor con iniciales JL o JM; y ni siquiera eso es seguro.
Lo he contado muchas veces, siento una especial debilidad por él y ahora forma parte de  mi filosofía de vida. Un día en 2007 lo escribí tal y como lo recordaba, añadiendo partes, personajes, para publicarlo en un blog que tenía pero ya eliminé. Lo comparto de nuevo. Espero que os guste tanto como a mí.



El terrorista decidió que aquel era el día del atentado.
Se había cansado del dolor, de la miseria y la desidia que le envolvían.
Estaba decidido a cambiar las cosas, que todos supieran que el mundo no podía continuar así.
Les daría a todos, a todos sí, una lección.
Salió de casa con su arma oculta dentro del abrigo y se dirigió al metro.
Esperaba en la cola frente a la taquilla con el corazón latiendo alocado en su pecho y las manos sudorosas. Era consciente de que no habría marcha atrás, de que a partir de aquel momento las cosas no serian como antes y la respiración se le aceleró.
Cuando estuvo frente a la taquillera apretó los dientes,metió la mano en su bolsillo y sacó su arma: Una Flor.
Se la ofreció con una sonrisa en el rostro y le dijo: que tengas un día radiante. Y se marchó...
Y, de repente, el acto terrorista obró un milagro. La taquillera sonrió. Le dio los buenos días al hombre que le pidió un ticket y éste le devolvió la sonrisa. Entró en el metro y, contento, le cedió el asiento a la embarazada que estaba de pie. Cuando ésta llegó a la pescadería, le preguntó al dependiente que tal le había ido el día. Y el pescadero le perdonó 20 céntimos a la señora María apretándole con cariño la mano... ella se llenó de luz y regresó contenta a casa besando a su marido por primera vez en años...
La Revolución había comenzado