miércoles, 18 de mayo de 2016

Cuentacuentos en Lo Pagan

No hay nada como contarle cuentos a un niño. Observar su cara de asombro, escuchar su risa franca, llevarle a un mundo de fantasía y recorrerlo con él. Ser una niña de nuevo. Es pura magia. Un regalo. Un milagro. Por eso no dudé en aceptar la propuesta de María López Jiménez, directora de la Biblioteca de Lo Pagan, de contar de modo altruista en la Semana del Libro 2016 de San Pedro del Pinatar para alumnos del Colegio Nuestra Señora del Carmen.



De todos modos, estaba nerviosa. Era un auténtico reto. No es sencillo atrapar a niños con edades comprendidas entre los 4 y los 11 años, son un público entregado pero muy exigente, especialmente cuando les recitas poesía. Así que respiré hondo, crucé los dedos y le pedí ayuda a la niña que hay en mí.



Fueron dos mañanas intensas en las que se sucedieron actuaciones con cuentos distintos y adaptados a cada edad, pero la pequeña Gema no me falló. No hay palabras para describir los momentos que viví. Guardo en el recuerdo con especial cariño a aquel niño que apenas entendía el idioma pero que me miraba atento con carita de fascinación, la niña que se aferró a mi camiseta cuando nos tomaron fotos como si fuera una roca en medio de una tormenta y esa pelirroja clavada a Pipi Calzaslargas que se las arregló (con mi ayuda) para convencerme de mirar a otro lado mientras ladroneaba como recuerdo un post it con el que marqué un poema de Gloria Fuertes. «¿Qué es aquello que hay allí?», dijo, cómo no dejarme engañar...



Siempre utilizo una regla nemotécnica para que recuerden mi nombre. «Me llamo Gema, como una piedra preciosa, pero en bruto, hay mucho que pulir». Días después, un niño me saludó en la calle con un efusivo «Hola, Perla». Puede que la pequeña niña que hay en mí lo sea, y crezca en cada actuación gracias a sus granos de arena.



Cuidad siempre al niño que os habita.