domingo, 6 de diciembre de 2015

Zajdi Zajdi: Crónica de un viaje a Sarandë II

A la mañana siguiente, tras comprobar que para los griegos diez minutos andando son, en realidad, veinte, cogí el barco a Sarandë por los pelos. No soy muy habladora pero mi acompañante, un simpático albanés que iba de vacaciones a la ciudad, se empecinó en entablar conversación con un rudimentario inglés y señas tan expresivas que acabamos riendo a carcajadas. 
En el muelle me recibió Dashamir Malo que también esperaba a Natalia Kapodistria, una poeta griega que venía en el mismo barco. Cuando nos presentó las dos sonreímos y dijimos a la vez «You». Cosas de la vida, nos habíamos visto en la cola para embarcar y, sin saber por qué, sonreído y saludado en la distancia. La vida acaba reuniendo a la gente afín.

Vistas desde mi habitación
Tras llegar al Bougainville Bay Resort, un apartahotel a la orilla del mar desde el que se divisaba la costa griega, y dejar el equipaje en la habitación, fuimos a tomar algo al centro donde nos esperaba otro de los poetas, Vangjel Zafirati. Una mañana inolvidable en la que descubrí las delicias de la comida típica albanesa y el potente licor raki, en compañía de Natalia, conocida actriz griega con una vida fascinante y una personalidad arrebatadora, Vangjel que rebosaba un humor irónico que me cautivó y Dashamir que hizo honor a la tradición de su país de hacer sentir a los invitados como en su propia casa.   

De vuelta al hotel, me tumbé en la cama achispada y feliz jurándome que no me dormiría. Fundido en negro. «Dónde estoy, qué hora es, diosmiodemividanollego». Para que luego digan que una mujer no sabe arreglarse en media hora.

Natalia Kapodistria, Dashamir Malo, Vangjel Zafirati, Vangjel Agora

Diluviaba. Armada no con paraguas sino con vestidito y tacones pregunté en recepción cómo llegar al salón donde se celebraba el evento. Por fortuna había un matrimonio que se dirigía hacia allí y me ofrecieron ir por turnos hasta el salón. Acepté con remordimiento a sabiendas que ella tendría que recorrer el camino dos veces. Pero no quedaba otra... y para allá que fuimos, dos mujeres desconocidas pegaditas como lapas bajo un paragüas diminuto. 

Mi sonrisa es la armadura que me protege y oculta mi timidez, y cubierta con ella entré en un salón repleto de poetas que hablaban animadamente en idiomas desconocidos. Dashamir Malo, como buen organizador, hizo las presentaciones pertinentes, y tras una hora de charla animada en inglés con algunos de los invitados, dio comienzo la primera parte del recital.


 Cuando llegó mi turno recité de memoria recta como un palo con fingido aplomo. Algún verso se me fue pero «¿quién lo va a notar?» me dije, al borde de un ataque de pánico. Tras mi intervención, Vangjel Agora recitó mi poema «Bendito» en albanés, al igual que, posteriormente, muchos de los poemas de los poetas albaneses que acudieron al evento. 




Uno tras otro fueron desfilando los poetas y sus poemas. Fue fascinante sentir la emoción que trasmitían algunos de ellos y la cadencia de los poemas a pesar de no entender las palabras. Es la magia de la Poesía.

Albania 
Agim Mato - Vangjel Zafirati - Dashamir Malo - Natasha Xhelili - Bardhyl Maliqi, Andrea Zafirati - Fatmir Terziu (Inglaterra) - Rudina Cupi - Petrit Ruka - Ilirian Zhupa - Beatrice Ballici - Xhelal Tosku - Sami Velcani - Prend Buzhala - Pandeli Koci - Agim Bajrami - Ymer Nurka - Riza Braholli - Hekuran Halili - Pajtim Caushi - Zaho Vasili - Zimo Krutaj - Kolec Traboini.
Kosovo
Flora Brovina - Albina Idrizi - Agim Gjakova - Sejdi Berisha - Sabit Rustemi - Ibrahim Kadriu - Nexhat Rexha.
Grecia - Natalia Kapodistria - Yannis Ifandis
Macedonia - Olivera Docevska - Kalosh Celiku - Zejnepe Rexhepi - Neas Sopaj - Agim Vinca
Italia - Angela Giannelli - Giuseppe Napolitano - Anton Nik Berisha.
España - Gema Bocardo

Vangjel Agora

Durante la cena tuve el placer de conocer mejor a algunos de los poetas. Giuseppe Napolitano, un apasionado y alocado italiano; la atípica y sensual pareja conformada por  el poeta griego Yannis Ifandis y su adorable esposa Urania, y una mujer única: Olivera Docevska, miembro de la Asociación de Escritores de Macedonia, ferviente activista de los Derechos Humanos en Macedonia y una gran persona. Una velada deliciosa.

Con Olivera Docevska y Fatmir Terziu